viernes, 27 de noviembre de 2009

la casa de mis sueños

LA CASA DE MIS SUEÑOS:




En primavera, en el fin de semana, es mucho más fácil levantarse, aún cuando la casa esté inundada de malestar.

Me gusta este tiempo, porque puedo andar ligera de ropas, no tengo que hacer demasiado esfuerzo, pues me calzo unas sandalias, una remera, un pantalón y ya puedo salir del cuarto.

El sol calentito entra por la ventana. Mi hermana todavía duerme, es que este año comenzó el jardín y se cansa un poco en la semana.

Mi madre concentró la atención en ella, pero mi inquietud hace que se fije en mí y en mis actividades ( creo que se ve proyectada en lo que hago).

Este año empecé a estudiar piano a varias cuadras de mi casa, danza, en mi barrio.

Esta ciudad es tranquila por lo que puedo ir y venir sola de piano.

Cuando camino, me gusta fantasear mirando las casas, imaginando cómo será adentro, y como serán los que la habitan.

Por estas actividades y la escuela puedo decir que toda la semana estoy ocupada.

Es bienvenido el sábado, puedo hacer otras cosas, sobre todo estar con mi abuela, que vive al lado.


La escuela me gusta, porque está cerca y además la mayoría de mis compañeros son a la vez vecinos.

Tengo una amiga, ella es rubia, de ojos claros, pequeña, su apellido es Ramírez, y así la nombro.

Su padre es un hombre alto, grande, de cabello oscuro, con manos grandes que contrastan con lo delicado de su trato.

Ayer Ramírez me invitó a su casa a la salida de la escuela.

Cuando llegamos, nos sentamos alrededor de un brasero, mientras su padre nos sirvió como almuerzo unos huevos fritos.

Ramírez estaba muy contenta por lo que sonreía todo el tiempo. Parece que no tiene mamá, nunca le pregunté.

Si bien yo disfruto de este momento, todo me parece distinto a mi casa sobre todo comer casi directamente de la sartén, como Ramírez que come el huevo en una cuchara.

Ese lugar me pone un poco triste.


Luego hablamos de la escuela, de la maestra hasta que decido volver a casa total nos vamos a ver el lunes en la escuela nuevamente.

Vuelvo casi corriendo. Mi guardapolvo lo guardé en mi portafolio, cuando lo saco conserva el olor a cuero que impregna todo, hasta mis cuadernos y mis lápices, cosas que adoro.


Mi madre me espera, no es de salir. En realidad está pendiente de nosotras y de la casa; a veces no más se distrae por las tardes con amigas o con vecinas que vienen a charlar y tomar mates o también cuando se encierra en el living a hablar por teléfono y escuchar música, todo junto.

A mi mamá le gusta mucho la música, las canciones actuales, los cantantes italianos., y hablar por teléfono, con un amigo al que yo atiendo a veces.

Mi mamá es muy simpática con ellos, pero no con los familiares de mi papá y menos con mi abuela, aunque venga a cada rato a casa.

Mi papá, casi no está en casa. Se levanta temprano para ir a trabajar, vuelve pasado el mediodía y almuerza sólo, se acuesta a dormir un rato y luego se va a dar clases a una escuela Técnica que está en el centro, cerca de la casa de mi profesora de piano.


Será por eso que mi mamá se entretiene con el teléfono o con las visitas?.




Me gusta mucho mi casa, sobre todo el fondo que se comunica con la casa de mi abuela.

Por lo que yo voy y vengo de allá.

Me gusta estar con ella.



Cuando es sábado, como hoy, me levanto desayuno y me voy corriendo a la casa de ella.

Conmigo siempre está bien,me dice que me quiere mucho, que soy linda, inteligente, se esfuerza en darme lo que quiero. Me regala cosas, hasta con las ramitas de los árboles me enseña a tejer.

Para jugar, me enseña cosas de la casa,me dice cómo tienen que ser las mujeres, cómo son los hombre, tantas cosas que a veces no le entiendo que me quiere decir.

Me canta en italiano, y se rie mucho.


Yo soy bastante solitaria y lo disfruto mucho, me gusta estudiar, ir a piano, ir a danza y mirar a las personas cuando salgo de casa: Las saludo y sorprendidas me responden. Tanto es así que le pregunté a mi mamá si estaba mal saludar a la gente cuando uno las encuentra en la calle.

Como a una señora de rodete blanco que vive a unas cuadras de casa, camino a piano.

Cuando paso ella me dice: “chau repollito”. Un día me explicó que me llamaba así cariñosamente, por mis vestidos almidonados.


Son los que me hace mi mamá, que cose muy bien y después me los almidona.

Ahora que entiendo porque me llama así, no me importa, porque me gusta como me saluda con su cara de buena.


Cuando llego a casa , mi mamá está mal, a veces discute con mi papá, y hasta la escuché que se queja de mi abuela, no sé porque, a mi no me cuentan.

Este miércoles que pasó ella estaba mal del hígado, según me dijo, y mi abuela vino a ayudarla, le hizo un té y la acompañó un rato.


Mi clase de piano era a las 16, cuando salí fui caminando hasta la catedral, para pasear no más y había pasado un avión de propagandas que había sembrado la vereda de papeles, me agache a juntar algunos, como hago siempre sólo porque me gusta.


De repente, veo pasar a mi papá, que supuestamente estaba dando clases en la escuela.

Me emocioné tanto que comencé a gritarle: papi....papi.!....sin darme cuenta que no podía escucharme pues iba hablando con una señora a la que llevaba del hombro, como a veces a mi mamá.

Dentro mio algo me decía que era una tonta, que no gritara más, que estaba demasiado lejos como para escuchar.

Volví a casa , él no había llegado aún. La llamé a mi madre fuera del dormitorio, para hablar.

Cuando le estaba contando, llegó él.

Mi madre gritaba y yo no escuchaba lo que decían con mi abuela, me dieron muchas ganas de llorar.

El se acercó tiernamente, como de costumbre, ante ello no pude responder y rechazando sus caricias le dije: “_ no sos más mi papá”_. Y me convencí de ello. Algo se rompió en ese momento.

Me dolía la garganta de dolor, mientras él le decía a mi madre que yo mentía, que me habré confundido, que yo mentía.

Me acosté sin comer y lloré mucho.

El jueves y el viernes seguí con mi rutina, mis padres también, aunque bastantes más fríos en el trato.



Por eso hoy que es sábado, un hermoso sábado de primavera quiero escuchar a los pajaritos, sentir el sol, disfrutar de un “pane arristuto” que me hace la nona. Escucharla gritar, cantar y reírse al mismo tiempo.

Porque mi nona me hace reír mucho, me acaricia, me besa, me dice que me quiere, y yo lo sé.

Mi nona me dice que tengo recién nueve años, que no entiendo a los grandes, aunque me duela el pecho.

Mi nona tiene tiempo para mí.

Mis padres están ocupados, muy ocupados con ellos, en ellos.




lunes, 12 de octubre de 2009

la bailarina árabe.

La bailarina árabe.


Hace tres años que venimos a este lugar. Poco más de tres que iniciamos esta relación a la que yo, queriendo ser graciosa o realista llamo “pareja en construcción”.
Al principio cualquier propuesta de salida nocturna encerró encanto y misterio.Simplemente lo disfruté. Pero desde hace un año , fecha en que decidimos convivir los fines de semana en un lugar alquilado para nosotros ,las cosas no son tan alentadoras como parecían.
Tal vez fue eso o el aumento de responsabilidades laborales lo que contribuyó a que el misterio declinara significativamente, al menos en mí.
Pero estamos en una playa hermosa de Brasil.
Es de noche, una hermosa noche y decidí apostar a otro momento donde puedan disfrutarse estos pequeños placeres, sobre todo el de nuestras propias compañías,desechando la rutina que abruma u obscurece .

Llegamos al lugar .Un comedor tradicional de la zona al que habíamos bautizado: “el comedor de los papelitos”, por que luce paredes y techos cubiertos de mensajes que deja la gente que lo frecuenta.
La estructura del comedor imita a una barco de madera con ventanas pequeñas .Cada una mesas con sus respectivos bancos están ubicadas una detrás de la otra atornilladas al piso, lo que no resulta demasiado cómodo, sobre todo para tener una visión amplia del lugar.

Había mucha gente en la playa esa noche. Algunos caminando, otros apostados en la orilla , sobre todo las mujeres que esperaban con canastas y bolsas a los pescadores quienes colocaban lo que traían del mar al que habían entrado en sus canoas alejándose sólo unos metros.
Escuché que era una fiesta tradicional algo así como la inauguración de la temporada.
Algo curioso y llamativo que atraía a los turistas que descendían de sus camionetas y autos sólo a mirar o también de aquellos que como nosotros habían decidido ir a comer al bar.

Me senté sobre la ventana, observando el bullicio que armaban las personas afuera.
Recordé que la última vez que habíamos ido a ese bar no nos habían atendido bien, es más nos habían tomado el pedido y nunca habían regresado, por lo decidimos irnos.
Por ello cuando vino el mozo le pregunté de qué lado nos atenderían más rápido.
Con cara desorbitada el mozo , en portugués me decía que no entendía, tal vez mentía. Por lo que Gerardo me interrumpió y ordenó en seguida.
Cuando el mozo se retiró me sugirió no confrontar con él, sin percatarse que no había sido mi intención. Mi duda era legítima, pues veía que del otro lado del salón los mozos atendían con mayor velocidad.
Contra todos los pronósticos, el mozo llegó al momento con el pedido.

Mi visión era muy estrecha, desde el lugar en que estaba sentada, sólo me permitía ver el matrimonio de orientales, el que nunca falta, detrás de G. Más allá en la otra parte del salón otro matrimonio con varios niños,que parecían recién llegados y detrás nuestro una gran mesa con tres parejas, una de mediana edad y otras dos muy jóvenes . Por el volumen en que dialogaban pude escuchar que hablaban en portugués. Eran brasileros tal vez de otro lugar.
Comentamos lo bueno de la comida que nos sirvieron.
Interrumpí alegremente , pues estaban poniendo un parlante en el centro del salón, lo que me hacía suponer que actuarían algunos músicos.
Debí rectificarme, pues irrumpe en el salón una mujer delgada cubierta con un matón., mejor dicho era un gran pañuelo de deslucido color celeste: ¡ una bailarina.... una bailarina árabe, con todo el imaginario de seducción a cuestas.

No sé mucho de esto, pero su atuendo no respetaba las normas del afrodisíaco baile.
Pollera y blusa blanca de encaje con perlas y guantes cubriendo sus brazos.
G, se dio vuelta en varias ocasiones, Decidí no alterarme.
Creo que las brasileras no estaban dispuestas a lo mismo que yo , pues al ver el rostro hipnotizado de sus compañeros y los gritos cuando terminaba cada canción hicieron que se levantaran y comenzaran a deambular del salón al patio, del patio a la playa y luego al salón, del salón afuera sin solución de continuidad.
El japonés y su mujer pidieron inmediatamente la cuenta y se llevaron en bandejas lo que no habían consumido allí.

Iban tres canciones y la propuesta del músico de improvisar otra.
Las brasileras seguían caminando.
Yo sólo comía sin levantar la vista del plato. Miraba fijamente la ensalada, el pescado luego el arroz.
Gerardo, comentándome de las brasileras sin respirar intentaba controlar hasta los bellos de sus extremidades para no despertar ninguna sospecha.
Y sucedió lo esperado: la niña seudo-árabe, avanzó como pudo por el salón entre los resquicios que dejaban las mesas del figurado barco hasta la mesa de los brasileros que gritaban acompasadamente en cada contorsión, a lo que ella agregaba un gesto , como adelantando el movimiento y su correlato: la excitación de su circunstancial espectador.
El más grande de los brasileros le acercó diez reales. Los más jóvenes cinco y dos.
Adelantó nuevamente el goce con su rostro, contorsionó su cadera y siguió su camino hasta el parlante en el centro del salón. Yo sonreía pálidamente esperando el comentario. El cual inevitablemente llegó.
_ Cuantos años tendrá?. Qué bien baila! Dijo Gerardo.
A lo que yo haciendo gala de tolerancia e inteligencia,(anque de ironía-venenosa) contesté: hay alguna relación entre ser buena bailarina y la edad?. Queriendo disimular que las dos cosas, la habilidad en el baile y la edad eran dardos que me llegaban al corazón o al estómago en este momento.
Había comenzado la guerra de guerrillas del lenguaje y el pensamiento, de las ilusiones, del imaginario, del deseo. El final era impredecible.
Y arranqué sin más con el discurso científico.:- Algunos estereotipos culturales pretenden decidir el destino de nuestros quereres. -Me felicité por el tino y el tenor de mi comentario.
Gerardo, quiso apaciguar la tormenta que vislumbraba, diciendo: _ Vos sos distinta_ Estaba haciendo referencia a los celos evidenciado por mis congéneres de ambas mesas.
Tres canciones y un bis improvisado, diecisiete reales decidieron la finalización del evento.

Pagamos y regresamos a la casa en silencio.

Ya en ella preparamos un café como forma de alargar la velada. Lamentablemente Gerardo queriendo hacer un chiste dijo: -El próximo año me busco una linda mujer y la traigo de bailarina árabe-
No podía dar crédito a semejante comentario!. Me arrepentí de no haber leído más a Freud cuando habla del chiste, pero confieso que lo odié a él y a Freud.
Traté de mantener la calma, y contesté: -Porque no empezás ahora, así en una de esas te paga el veraneo con su baile-

Pensé en mi formación, en mis experiencias, en mi edad..... en tantas cosas....Cualquier pensamiento no iba a evitar mi malestar. Me sentía dolida.
Pensé en porque está tan instalado en todos lados esto de que sea la mujer la que provoque al irresistiblemente el deseo masculino

Me dolió, más que nada de él, pues tantas noches, de aquellas, de las interesantes hablamos del lugar de la mujer, del disfrute de ambos, de que ningún ser humano puede complacer totalmente a otro o al menos todo el tiempo....

Me dormí, estaba demasiado cansada.

A la mañana siguiente definí en mis pensamientos varias cosas.
Si no nos entendemos en esto, es decir si puede excitar con tanto misterio una bailarina árabe.. a esta altura cada uno puede hacer lo que quiera., estaba decidida a hacerle sentir mi libertad.
Pensé en los mandatos y me puse a limpiar . A hacer varias cosas en la casa hasta que me alcanzó un brutal rayo de sol y decidí ir a la playa. El me siguió callado.
Caminamos hasta la playa más cercana..
Estiré mi lona, me puse un poco de crema y me acosté escuchando el sonido relajante del mar.
Me sobresaltó la llegada de un gran grupo de brasileros con su acostumbrado despliegue de conservadoras, sillones, y gritos.
Las más jóvenes del contingente , se parecían mucho a la bailarina árabe.
Su contextura grácil, su cabello ondulado y su cara inexpresiva, aquella que adelantaba con un gesto el posible goce masculino como respuesta a sus contorsiones.
Eran unas simples chicas tratando de acomodarse para disfrutar de la playa y pensé qué será hoy de aquella bailarina?.

Todavía no me había repuesto de su chiste, por lo que hacía observaciones ácidas como manera de escapar y reafirmar mi enojo o demandar una atención exclusiva de su parte.
En otras ocasiones, él me habría criticado esta actitud y me hubiera descalificado diciendo que era un peregrinar interno estéril,que lo único que demostraba era una manera de competir mujer con mujer. El hombre allí queda fuera, me habría dicho.

Golpeaban en mi cerebro las frases que había leído en estos días, por ejemplo:
“El amor es una sombra, como miente y lloras en su pos” ( de Sylvia Plath).
O aquella de Michel Foucault: “El saber no ha sido hecho para comprender , ha sido hecho para hacer tajos”.
O la otra, terrible final, de “la mujer rota” de Simone de Beauvoir: de aquella mujer que queda sóla y sin proyecto y exclama: “tengo miedo”.

Me dejé llevar por las sensaciones, el sol me encandilaba demasiado para pensar.
El ruido del mar me atrapó, el agua suavizó mis pies, la arena me raspó un poco.

De un barcito improvisado en la duna, salía una canción de Chico Buarque: “a pesar de vocé a manhá há de ser outro día...”

Necesité atrapar el paisaje dentro mío. Eternizarlo en mi interior, perpetuar al infinito esas gratas sensaciones, alejar la angustia, buscar imposibles.

Acerca de la mujer.

Entender que la subjetividad se construye desde una experiencia particular y se transforma en mirada singular, no es sencillo.
Menos en la representación de la mujer, menos aún en la sociedad actual.
Durante mucho tiempo se conformó y explicó la sexualidad femenina desde la sexualidad o el placer de la sexualidad masculina, como estructurante.
La constitución de la subjetividad e identidad femenina no debería realizarse de4sde un paradigma masculino- fálico.
Debemos aportar nosotras desde nuestra propia realidad.
Para ello hay que deconstruír y pensar desde nosotras mismas. Sin odios ni resentimientos. Sin temores.

domingo, 13 de septiembre de 2009

martes, 21 de julio de 2009

la maternidad: más allá de la función.

Cuando decidí ser madre, -lo que no fue una directiva racional sino una construcción singular en cada momento- me dí cuenta de que podía conformar un vínculo personal con cada uno de mis hijos.
La función materna se transforma por ello en algo más rico, más profundo y gratificante., que el ejercicio eficaz de acompañar a un ser dependiente.
La función materna como responsabilidad de acompañar y atender a un niño, lo que se denomina crianza comprende, abarca si lo deseamos la consolidación paulatina de un vínculo, teñido de expectativas, mandatos, deseos, particularidades personales, falencias...en síntesis hablamos de un vínculo humano.
La función materna, esto, de ser intérprete de un niño que aún no habla, esto de sostenerlo, de mostrarle la contención afectiva de un cuerpo, puede cumplirse casi sin sentir demasiado y por lo tanto sin establecer vínculos seguros, vínculos humanos .
Pasado ese período de dependencia real de la madre comienza a vislumbrarse el vínculo que pudimos establecer.

sábado, 16 de mayo de 2009

Sería bueno pensar que sólo con la muerte se termina la vida, y no que con la llegada de la” tercera edad”, y parafraseando a Chaplin en Candilejas, tener presente que lo importante de la vida es el sentido, el significado que buscamos siempre, pero también es importante el deseo, las ganas, la percepción de esa vida que late en nuestro interior, por más que nuestro físico marque el deterioro propio de haber transcurrido.

La adultez, al igual que la vejez no es el residuo de lo verdadero, lo felíz, lo alegre por mencionar lo cotidiano.

Es otra etapa de la vida,es distinta, y su singularidad se manifiesta en una manera diferente de sentir y de producir,presenta una productividad propia.


Se puede nombrar de muchas maneras a esta etapa, sólo basta entender de donde viene el discurso, pues hay distintas maneras de nombrar aquello que para un joven, un adolescente ,es sinónimo: adultez, tercera edad, madurez, vejez, es lo mismo, padece del mismo descrédito.


Creo que el fundamento de ello estaría dado en algo más profundo: en la negación a visualizar la muerte traducido a veces en indiferencia del otro.

En el desprecio a la vejez, aparece una exacerbación del narcisismo, escondiendo la ilusión de eternizarse. Frente a ello, las arrugas, el deterioro físico, sería lo que hay que evitar, pues nos enfrenta a la finitud, a nuestro propio deterioro, a nuestro dolor, a nuestra frustración a nuestra muerte, y esto es imperdonable , sobre todo en nuestra cultura que vive de espaldas a esta reflexión.


Sucede que a veces se insiste en los derechos de determinada etapa, de determinada edad., pero que pasaría si nos atreviéramos a ver a la adultez, la madurez, como un momento más de la vida, con sus emociones, sus puntos de vista, sus sensaciones.


Me sorprende ver a los jóvenes opinar sobre esto, y sugerir que pasada determinada edad, el tiempo nos sirve sólo para durar., es como que el tiempo cobrara dimensiones distintas en cada momento de la vida, y en ésta es sólo pasarlo.

Adultez

ADULTEZ.



...”Existe sobre la tierra un ser que se mueve en cuatro patas por la mañana, camina erguido en sus dos pies al mediodía y utiliza tres pies al atardecer. Es el único que cambia de aspecto de cuantos seres se mueven por tierra, por el aire o en el mar. Pero, cuando anda apoyado en más pies, entonces la movilidad de sus miembros es mucho más débil”....Sófocles, Edipo rey.


El significado de la adultez, es diferente en cada persona.

En su análisis debemos contemplar dimensiones sociales, biológicas, emocionales y legales, si bien su significado más representativo es de carácter social.


La adultez se presenta como una etapa de cambios drásticos en las relaciones personales, para las cuales no aparecen normas claras en la actualidad.

Estos vínculos establecidos, se renegocian, se reinventan, se inventan otros en cuanto a :

Sexualidad, amistad y amor, hijos, pareja, paternidad, soltería, divorcio, contraer nuevos compromisos, elegir no tener hijos.


La adultez,está ligada a la idea de madurez.

Es el tiempo en que comenzamos a hacer un inventario de la vida. En este punto, puede aparecer la idea de pérdida, en cuanto a posibilidades de realización personal o de vínculos, afectos, relaciones, hijos, proyectos, que habían estado presentes como proyecto de vida y ya no están.

Por otro lado , en la edad madura, suele observarse un deterioro o disminución de las capacidades físicas, y socialmente una disminución de ofertas que posibiliten distintas realizaciones personales.


En promedio, la menopausia, como gran cambio en la mujer, ocurre a los 51 años promedio, y como todos los grandes cambios personales depende de las características propias, de las experiencias vividas y de las visiones culturales.

Si bien estos cambios se dan en los hombres, desde lo biológico no aparece un punto definitivo que marque el paso a otra etapa.

En la mujer está ligado a su ciclo reproductivo, marcando una imposibilidad desde determinada edad.

Se acentúa esto, desde lo cultural, pues la maternidad es una de las posibilidades más importantes en los proyectos vitales de las mujeres, vividas en muchos casos como mandatos de realización personal y condición indispensables sin la cual no podemos pensarnos como mujeres.

Aunque estos modelos son muy criticados hoy día, subyace una especie de orgullo inconsciente de género en muchas mujeres jóvenes, adolescentes, que aunque representen a distintos contextos socio-culturales viven la misma representación Madre-mujer, como un mandato personal.

En cambio estas características no aparecen con tanta claridad y repetición en el hombre.

Es muy difícil encontrar a un hombre que valore la paternidad, y que lo entienda como un acompañamiento o una entrega.

Por lo que se traslada a su vida cotidiana una vivencia de posibilidades más allá de lo reproductivo.