LA CASA DE MIS SUEÑOS:
En primavera, en el fin de semana, es mucho más fácil levantarse, aún cuando la casa esté inundada de malestar.
Me gusta este tiempo, porque puedo andar ligera de ropas, no tengo que hacer demasiado esfuerzo, pues me calzo unas sandalias, una remera, un pantalón y ya puedo salir del cuarto.
El sol calentito entra por la ventana. Mi hermana todavía duerme, es que este año comenzó el jardín y se cansa un poco en la semana.
Mi madre concentró la atención en ella, pero mi inquietud hace que se fije en mí y en mis actividades ( creo que se ve proyectada en lo que hago).
Este año empecé a estudiar piano a varias cuadras de mi casa, danza, en mi barrio.
Esta ciudad es tranquila por lo que puedo ir y venir sola de piano.
Cuando camino, me gusta fantasear mirando las casas, imaginando cómo será adentro, y como serán los que la habitan.
Por estas actividades y la escuela puedo decir que toda la semana estoy ocupada.
Es bienvenido el sábado, puedo hacer otras cosas, sobre todo estar con mi abuela, que vive al lado.
La escuela me gusta, porque está cerca y además la mayoría de mis compañeros son a la vez vecinos.
Tengo una amiga, ella es rubia, de ojos claros, pequeña, su apellido es Ramírez, y así la nombro.
Su padre es un hombre alto, grande, de cabello oscuro, con manos grandes que contrastan con lo delicado de su trato.
Ayer Ramírez me invitó a su casa a la salida de la escuela.
Cuando llegamos, nos sentamos alrededor de un brasero, mientras su padre nos sirvió como almuerzo unos huevos fritos.
Ramírez estaba muy contenta por lo que sonreía todo el tiempo. Parece que no tiene mamá, nunca le pregunté.
Si bien yo disfruto de este momento, todo me parece distinto a mi casa sobre todo comer casi directamente de la sartén, como Ramírez que come el huevo en una cuchara.
Ese lugar me pone un poco triste.
Luego hablamos de la escuela, de la maestra hasta que decido volver a casa total nos vamos a ver el lunes en la escuela nuevamente.
Vuelvo casi corriendo. Mi guardapolvo lo guardé en mi portafolio, cuando lo saco conserva el olor a cuero que impregna todo, hasta mis cuadernos y mis lápices, cosas que adoro.
Mi madre me espera, no es de salir. En realidad está pendiente de nosotras y de la casa; a veces no más se distrae por las tardes con amigas o con vecinas que vienen a charlar y tomar mates o también cuando se encierra en el living a hablar por teléfono y escuchar música, todo junto.
A mi mamá le gusta mucho la música, las canciones actuales, los cantantes italianos., y hablar por teléfono, con un amigo al que yo atiendo a veces.
Mi mamá es muy simpática con ellos, pero no con los familiares de mi papá y menos con mi abuela, aunque venga a cada rato a casa.
Mi papá, casi no está en casa. Se levanta temprano para ir a trabajar, vuelve pasado el mediodía y almuerza sólo, se acuesta a dormir un rato y luego se va a dar clases a una escuela Técnica que está en el centro, cerca de la casa de mi profesora de piano.
Será por eso que mi mamá se entretiene con el teléfono o con las visitas?.
Me gusta mucho mi casa, sobre todo el fondo que se comunica con la casa de mi abuela.
Por lo que yo voy y vengo de allá.
Me gusta estar con ella.
Cuando es sábado, como hoy, me levanto desayuno y me voy corriendo a la casa de ella.
Conmigo siempre está bien,me dice que me quiere mucho, que soy linda, inteligente, se esfuerza en darme lo que quiero. Me regala cosas, hasta con las ramitas de los árboles me enseña a tejer.
Para jugar, me enseña cosas de la casa,me dice cómo tienen que ser las mujeres, cómo son los hombre, tantas cosas que a veces no le entiendo que me quiere decir.
Me canta en italiano, y se rie mucho.
Yo soy bastante solitaria y lo disfruto mucho, me gusta estudiar, ir a piano, ir a danza y mirar a las personas cuando salgo de casa: Las saludo y sorprendidas me responden. Tanto es así que le pregunté a mi mamá si estaba mal saludar a la gente cuando uno las encuentra en la calle.
Como a una señora de rodete blanco que vive a unas cuadras de casa, camino a piano.
Cuando paso ella me dice: “chau repollito”. Un día me explicó que me llamaba así cariñosamente, por mis vestidos almidonados.
Son los que me hace mi mamá, que cose muy bien y después me los almidona.
Ahora que entiendo porque me llama así, no me importa, porque me gusta como me saluda con su cara de buena.
Cuando llego a casa , mi mamá está mal, a veces discute con mi papá, y hasta la escuché que se queja de mi abuela, no sé porque, a mi no me cuentan.
Este miércoles que pasó ella estaba mal del hígado, según me dijo, y mi abuela vino a ayudarla, le hizo un té y la acompañó un rato.
Mi clase de piano era a las 16, cuando salí fui caminando hasta la catedral, para pasear no más y había pasado un avión de propagandas que había sembrado la vereda de papeles, me agache a juntar algunos, como hago siempre sólo porque me gusta.
De repente, veo pasar a mi papá, que supuestamente estaba dando clases en la escuela.
Me emocioné tanto que comencé a gritarle: papi....papi.!....sin darme cuenta que no podía escucharme pues iba hablando con una señora a la que llevaba del hombro, como a veces a mi mamá.
Dentro mio algo me decía que era una tonta, que no gritara más, que estaba demasiado lejos como para escuchar.
Volví a casa , él no había llegado aún. La llamé a mi madre fuera del dormitorio, para hablar.
Cuando le estaba contando, llegó él.
Mi madre gritaba y yo no escuchaba lo que decían con mi abuela, me dieron muchas ganas de llorar.
El se acercó tiernamente, como de costumbre, ante ello no pude responder y rechazando sus caricias le dije: “_ no sos más mi papá”_. Y me convencí de ello. Algo se rompió en ese momento.
Me dolía la garganta de dolor, mientras él le decía a mi madre que yo mentía, que me habré confundido, que yo mentía.
Me acosté sin comer y lloré mucho.
El jueves y el viernes seguí con mi rutina, mis padres también, aunque bastantes más fríos en el trato.
Por eso hoy que es sábado, un hermoso sábado de primavera quiero escuchar a los pajaritos, sentir el sol, disfrutar de un “pane arristuto” que me hace la nona. Escucharla gritar, cantar y reírse al mismo tiempo.
Porque mi nona me hace reír mucho, me acaricia, me besa, me dice que me quiere, y yo lo sé.
Mi nona me dice que tengo recién nueve años, que no entiendo a los grandes, aunque me duela el pecho.
Mi nona tiene tiempo para mí.
Mis padres están ocupados, muy ocupados con ellos, en ellos.