ADULTEZ.
...”Existe sobre la tierra un ser que se mueve en cuatro patas por la mañana, camina erguido en sus dos pies al mediodía y utiliza tres pies al atardecer. Es el único que cambia de aspecto de cuantos seres se mueven por tierra, por el aire o en el mar. Pero, cuando anda apoyado en más pies, entonces la movilidad de sus miembros es mucho más débil”....Sófocles, Edipo rey.
El significado de la adultez, es diferente en cada persona.
En su análisis debemos contemplar dimensiones sociales, biológicas, emocionales y legales, si bien su significado más representativo es de carácter social.
La adultez se presenta como una etapa de cambios drásticos en las relaciones personales, para las cuales no aparecen normas claras en la actualidad.
Estos vínculos establecidos, se renegocian, se reinventan, se inventan otros en cuanto a :
Sexualidad, amistad y amor, hijos, pareja, paternidad, soltería, divorcio, contraer nuevos compromisos, elegir no tener hijos.
La adultez,está ligada a la idea de madurez.
Es el tiempo en que comenzamos a hacer un inventario de la vida. En este punto, puede aparecer la idea de pérdida, en cuanto a posibilidades de realización personal o de vínculos, afectos, relaciones, hijos, proyectos, que habían estado presentes como proyecto de vida y ya no están.
Por otro lado , en la edad madura, suele observarse un deterioro o disminución de las capacidades físicas, y socialmente una disminución de ofertas que posibiliten distintas realizaciones personales.
En promedio, la menopausia, como gran cambio en la mujer, ocurre a los 51 años promedio, y como todos los grandes cambios personales depende de las características propias, de las experiencias vividas y de las visiones culturales.
Si bien estos cambios se dan en los hombres, desde lo biológico no aparece un punto definitivo que marque el paso a otra etapa.
En la mujer está ligado a su ciclo reproductivo, marcando una imposibilidad desde determinada edad.
Se acentúa esto, desde lo cultural, pues la maternidad es una de las posibilidades más importantes en los proyectos vitales de las mujeres, vividas en muchos casos como mandatos de realización personal y condición indispensables sin la cual no podemos pensarnos como mujeres.
Aunque estos modelos son muy criticados hoy día, subyace una especie de orgullo inconsciente de género en muchas mujeres jóvenes, adolescentes, que aunque representen a distintos contextos socio-culturales viven la misma representación Madre-mujer, como un mandato personal.
En cambio estas características no aparecen con tanta claridad y repetición en el hombre.
Es muy difícil encontrar a un hombre que valore la paternidad, y que lo entienda como un acompañamiento o una entrega.
Por lo que se traslada a su vida cotidiana una vivencia de posibilidades más allá de lo reproductivo.
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