sábado, 16 de mayo de 2009

Sería bueno pensar que sólo con la muerte se termina la vida, y no que con la llegada de la” tercera edad”, y parafraseando a Chaplin en Candilejas, tener presente que lo importante de la vida es el sentido, el significado que buscamos siempre, pero también es importante el deseo, las ganas, la percepción de esa vida que late en nuestro interior, por más que nuestro físico marque el deterioro propio de haber transcurrido.

La adultez, al igual que la vejez no es el residuo de lo verdadero, lo felíz, lo alegre por mencionar lo cotidiano.

Es otra etapa de la vida,es distinta, y su singularidad se manifiesta en una manera diferente de sentir y de producir,presenta una productividad propia.


Se puede nombrar de muchas maneras a esta etapa, sólo basta entender de donde viene el discurso, pues hay distintas maneras de nombrar aquello que para un joven, un adolescente ,es sinónimo: adultez, tercera edad, madurez, vejez, es lo mismo, padece del mismo descrédito.


Creo que el fundamento de ello estaría dado en algo más profundo: en la negación a visualizar la muerte traducido a veces en indiferencia del otro.

En el desprecio a la vejez, aparece una exacerbación del narcisismo, escondiendo la ilusión de eternizarse. Frente a ello, las arrugas, el deterioro físico, sería lo que hay que evitar, pues nos enfrenta a la finitud, a nuestro propio deterioro, a nuestro dolor, a nuestra frustración a nuestra muerte, y esto es imperdonable , sobre todo en nuestra cultura que vive de espaldas a esta reflexión.


Sucede que a veces se insiste en los derechos de determinada etapa, de determinada edad., pero que pasaría si nos atreviéramos a ver a la adultez, la madurez, como un momento más de la vida, con sus emociones, sus puntos de vista, sus sensaciones.


Me sorprende ver a los jóvenes opinar sobre esto, y sugerir que pasada determinada edad, el tiempo nos sirve sólo para durar., es como que el tiempo cobrara dimensiones distintas en cada momento de la vida, y en ésta es sólo pasarlo.

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