La adultez, al igual que la vejez no es el residuo de lo verdadero, lo felíz, lo alegre por mencionar lo cotidiano.
Es otra etapa de la vida,es distinta, y su singularidad se manifiesta en una manera diferente de sentir y de producir,presenta una productividad propia.
Se puede nombrar de muchas maneras a esta etapa, sólo basta entender de donde viene el discurso, pues hay distintas maneras de nombrar aquello que para un joven, un adolescente ,es sinónimo: adultez, tercera edad, madurez, vejez, es lo mismo, padece del mismo descrédito.
Creo que el fundamento de ello estaría dado en algo más profundo: en la negación a visualizar la muerte traducido a veces en indiferencia del otro.
En el desprecio a la vejez, aparece una exacerbación del narcisismo, escondiendo la ilusión de eternizarse. Frente a ello, las arrugas, el deterioro físico, sería lo que hay que evitar, pues nos enfrenta a la finitud, a nuestro propio deterioro, a nuestro dolor, a nuestra frustración a nuestra muerte, y esto es imperdonable , sobre todo en nuestra cultura que vive de espaldas a esta reflexión.
Sucede que a veces se insiste en los derechos de determinada etapa, de determinada edad., pero que pasaría si nos atreviéramos a ver a la adultez, la madurez, como un momento más de la vida, con sus emociones, sus puntos de vista, sus sensaciones.
Me sorprende ver a los jóvenes opinar sobre esto, y sugerir que pasada determinada edad, el tiempo nos sirve sólo para durar., es como que el tiempo cobrara dimensiones distintas en cada momento de la vida, y en ésta es sólo pasarlo.
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